Trastorno de la personalidad

Un trastorno de la personalidad se caracteriza por un patrón prolongado de comportamientos, emociones y pensamientos muy diferente a las expectativas de la cultura o contexto del individuo, con inicio en la adolescencia o principio de la edad adulta, y que interfiere con la capacidad funcional de la persona provocando malestar psicológico.

Es decir, en este grupo de trastornos la raíz se encuentra en la personalidad. Los rasgos que definen la personalidad del individuo mantienen las siguientes características:

  • Se diferencian de su contexto cultural de manera significativa.
  • Son rígidos, provocan inadaptación e incapacidad para relacionarse con los demás.
  • Producen sufrimiento y malestar subjetivo.

¿Qué síntomas presenta?

Los síntomas de cada trastorno varían de acuerdo al mismo. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-IVTR) aglutina las etiquetas diagnósticas en tres grupos:

El grupo A aglutina una serie de trastornos que se caracteriza por un patrón de cognición (por ej. sospecha), expresión (por ej. lenguaje extraño) y relación con otros (por ej. aislamiento) anormales. Se distinguen tres subtipos:

  • Trastorno paranoide de la personalidad.
  • Trastorno esquizoide de la personalidad.
  • Trastorno esquizotípico de la personalidad.

En el Grupo B encontramos cuatro trastornos que refieren un patrón de violación de las normas sociales (por ej. comportamiento criminal), comportamiento impulsivo, emotividad excesiva y grandiosidad. Estos son:

  • Trastorno antisocial de la personalidad.
  • Trastorno límite de la personalidad o borderline.
  • Trastorno histriónico de la personalidad.
  • Trastorno narcisista de la personalidad.

El Grupo C incluye aquellos con un patrón penetrante de temores anormales a partir de las relaciones sociales, la separación o la necesidad de control.

  • Trastorno de la personalidad por evitación.
  • Trastorno de la personalidad por dependencia.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad.

¿Cómo orientamos el proceso terapéutico?

El  tratamiento psicológico de los trastornos de personalidad acostumbra a ser largo y complejo. Sin embargo, resulta imprescindible para mejorar la calidad de vida del sujeto.

El término “curación” no es aplicable en estos casos, el objetivo es mejorar la competencia de la persona para lograr una mayor adaptación a los demás y a las exigencias cotidianas. La alianza entre psicoterapeuta y cliente es un factor clave para el éxito del proceso.

Una vez realizada la valoración inicial, deberán establecerse de manera conjunta unos objetivos viables y alcanzables. Estos objetivos se relacionarán con aquellos aspectos que en momento actual están ocasionando malestar psicológico en el paciente y las personas que le rodean. No se trata de convertirse en otra persona, sino en modular aquellos rasgos (ej. suspicacia, dependencia, egocentrismo, etc.) que no son adaptativos. La identificación y modificación de esos esquemas de conducta en el pasado, desde la experiencia presente, es la clave del tratamiento.

Encontrar la solución comienza por comprender el problema

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