Fobias específicas

La característica esencial de una fobia específica es al miedo irracional y excesivo a un objeto o situación determinados que en realidad constituye una amenaza mínima o nula. Es decir, un miedo excesivo a algo como la altura, los túneles, los espacios cerrados, volar, perros, los arañas, la sangre etc.

Aunque los adultos con fobias son conscientes de que tales temores son irracionales, con frecuencia encuentran que el enfrentar, o incluso el pensar en el objeto o la situación que produce el temor, trae consigo una ansiedad intensa.

Al igual que en la fobia social o en el trastorno de pánico, la persona que sufre una fobia acostumbra a evitar las situaciones que teme con la consiguiente pérdida de funcionalidad. Es entonces cuando no viaja en avión, no baja a parques donde haya posibilidad de encontrar perros, no coge ascensores, no visita el médico por miedo a los análisis o inyecciones, etc.

A continuación se describen algunas de las fobias específicas más comunes en la población:

  • Acrofobia: No es un simple vértigo sino un miedo irracional a las alturas. Al igual que sucede en otras fobias, las personas que lo padecen evitan a toda costa la situación temida
  • Aerofobia: se refiere al miedo a volar en avión. Las personas que padecen de esta fobia sienten una gran ansiedad y miedo no sólo durante el despegue, desplazamiento y aterrizaje. Las manifestaciones comienzan muchas veces con anterioridad, ante la perspectiva de un futuro desplazamiento en avión.
  • Agorafobia: Se trata del miedo a los espacios abiertos y es una de las fobias que en más ocasiones encontramos en terapia. La persona agorafóbica tiene serias dificultades para salir a lugares en los que no se sienta segura, resultando un trastorno realmente incapacitante.
  • Aracnofobia: Se trata del miedo a las arañas y se trata de uno de las fobias más comunes. Las personas que la padecen procuran mantenerse apartadas de aquellos lugares donde pueden encontrar arácnidos y muestran reacciones de miedo y ansiedad incluso al ver un vídeo o una fotografía.
  • Brontofobia: consiste en un miedo muy pronunciado a los relámpagos y truenos producidos por las tormentas. En casos extremos pueden llegar a no salir de casa ante un pronóstico meteorológico que implique lluvias o tormentas.
  • Carcinofobia: Muy relacionado con la hipocondría, se trata de un miedo muy exagerado a contraer cáncer. Los fóbicos temen cualquier síntoma físico negativo y tienden a atribuirlos a esta enfermedad.
  • Cinofobia: el miedo a los perros es muy frecuente especialmente en niños y niñas. La reacción fóbica se da al estar cerca de este animal, escuchar un ladrido o anticipar su presencia.
  • Claustrofobia: este trastorno implica el temor a quedar confinado a espacios cerrados. Las personas claustrofóbicas acostumbran a evitar ascensores o túneles y tienen serias dificultades para usar equipos de diagnóstico médico como el TAC.
  • Emetofobia: Se trata de la fobia al vómito o a vomitar, la sensación de arcada provoca ansiedad y miedo a la persona.
  • Fagofobia: Relativa al miedo a tragar por la posibilidad de atragantarse o ahogarse. En algunos casos puede dificultar los hábitos alimenticios de la persona.
  • Tripanofobia: Se refiere a un miedo exagerado a las inyecciones. Resulta muy incapacitante ya que la persona que lo padece tiende a evitar análisis clínicos y tratamientos.

¿Qué síntomas presenta?

Los principales síntomas que distinguen una fobia son los siguientes:

  • Temor acusado y persistente, excesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos (ej. volar, utilizar un ascensor, proximidad de un perro, administración de inyecciones, etc.).
  • La exposición o contacto con el objeto de la fobia específica provoca una respuesta inmediata de ansiedad. que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una situación determinada.
  • Existe una tendencia a evitar las situaciones fóbicas, lo cual interfiere en la funcionalidad de la persona.
  • Los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar provocados por la situación temida interfieren acusadamente con la rutina normal de la persona, con las relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien provocan un malestar psicológico significativo.

¿Cómo orientamos el proceso psicoterapéutico?

Mucha gente no busca tratamiento para las fobias específicas y adaptan su vida a ellas porque piensan que durante el tratamiento pasarán mucha ansiedad. Sin embargo un tratamiento adecuado permite superar las fobias eficazmente con unos niveles de ansiedad relativamente bajos.

El proceso psicoterapéutico combina, normalmente, tratamientos específicos, en función del diagnóstico principal, con otros adaptados a las características personales y circunstancias del paciente. Generalmente y de manera inicial, el proceso se encamina a la reducción de los síntomas de ansiedad y la incapacitación que producen. Posteriormente se analizan y tratan los factores que originan y/o mantienen la ansiedad y otras alteraciones que puedan acompañarla.

Los tratamientos que han demostrado una mayor eficacia son los basados en técnicas de orientación conductual. Generalmente aplicamos técnicas como las siguientes:

  • Información al paciente sobre la naturaleza de la ansiedad en general y de las fobias en particular.
  • Exploración de la problemática y consecuentes de la fobia específica en el día a día de la persona.
  • Identificación y neutralización del procedimientos contraproducentes, utilizados por el paciente para regular su problema, pero que, en realidad, contribuyen, no a la solución, sino al mantenimiento del problema.
  • Técnicas de relajación y respiración diafragmática lenta.
  • Desensibilización sistemática, es decir, una combinación de técnicas de relajación con el enfrentamiento gradual a estímulos fóbicos.

Encontrar la solución comienza por comprender el problema

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