Fobia social

La Fobia Social se caracteriza por la aparición intensa de ansiedad junto con una consciencia exagerada de uno mismo en situaciones sociales de la vida cotidiana.

Frecuentemente las personas con fobia social se sienten ansiosas cuando interactúan con personas que no conocen mucho o que creen que pueden evaluarlas negativamente.

Este miedo se pone de manifiesto en situaciones como encuentros sociales en las que tendrá que relacionarse (fiestas, cenas, eventos, etc…), situaciones en las que haya que hablar en público, como intervenir en clase o realizar una exposición, encuentros inesperados con conocidos, familiares, etc. Frecuentemente, estos temores se refieren no tanto al encuentro, la reunión o las personas que participan, sino a experimentar un grado tal de ansiedad que se haga visible para los otros. En cierto sentido muchas personas tienen miedo al propio miedo, es decir, sienten ansiedad ante la anticipación de dicha ansiedad.

¿Qué síntomas presenta?

De acuerdo con el DSM-V, las personas con fobia social tienen miedo intenso, persistente, y crónico de ser observadas y juzgadas por los demás y de hacer cosas que puedan parecer ridículas. Se pueden sentir preocupadas durante días ante de una situación que les produce temor, especialmente aquellas en las que la persona se expone a la observación y escrutinio por parte de otros.

Hay que tener en cuenta que la fobia social es una término diagnóstico, es decir, una etiqueta que utilizamos los profesionales para facilitar el diagnóstico y tratamiento. En este sentido y sin olvidar que la experiencia a nivel emocional, conductual o cognitivo en cada individuo diagnosticado es única, podemos considerar que hay dos tipos de fobia social: (i) fobia social generalizada, cuando los temores se relacionan con la mayoría de las situaciones sociales y (ii) fobia social focalizada cuando el temor se da en situaciones concretas. El primer subtipo puede resultar muy incapacitante al afectar diferentes facetas de la vida diaria de la persona. Sin embargo el segundo subtipo, la fobia social focalizada, puede pasar inadvertida o no atendida en algunos casos, ya que la reacción de ansiedad puede desarrollarse únicamente en situaciones poco frecuentes para algunas personas (como hablar a un público desconocido, acudir a una cita a ciegas, etc.).

Los síntomas físicos que acompañan con frecuencia a la fobia social incluyen aceleración del ritmo cardiaco, enrojecimiento, transpiración intensa, temblor, náuseas y/o dificultad para hablar. Cuando estos síntomas ocurren, las personas con fobia social a menudo sienten que todas las personas a su alrededor tienen su atención centradas en ellas.

A diferencia de la mayoría de las fobias comunes, como por ejemplo fobia a volar o a las alturas, donde el comportamiento parece seguir un patrón determinado y predecible, el comportamiento en la fobia social en muchas ocasiones tiende a ser caótico e impredecible. La intensidad de la ansiedad en diferentes situaciones de interacción social pocas veces es constante; la misma situación, una reunión de trabajo por ejemplo, puede haber provocado reacciones fóbicas intensas en el pasado, y en otras ocasiones puede haber provocado un grado mínimo de ansiedad y haberse desarrollado con normalidad. Además, en la fobia social focalizada, los síntomas suelen concentrarse ante determinados tipo de personas o situaciones. Por ejemplo, una persona puede relacionarse con normalidad en una reunión de vecinos pero puede tener serias dificultades para relacionarse con una persona del sexo opuesto (o mismo sexo) en un contexto determinado, o a la hora de defender un punto de vista ante personas con un mayor estatus laboral, etc.

Además, existen otros factores a tener en cuenta, en periodos de mayor estrés o menor bienestar psicológico, el nivel de ansiedad producido en situaciones sociales suele agravarse considerablemente. A la inversa, en periodos tranquilos y/o positivos, la misma persona puede no manifestar apenas ansiedad ante situaciones que en otra época pudieron ser generadoras de gran ansiedad.

Otro aspecto muy importante se refiere al comportamiento evitativo, es decir, aquellas conductas dirigidas a evitar aquellas situaciones que generan malestar. Las personas con fobia social suelen evitar exponerse (ej.: inventando escusas para no asistir a una reunión) o aplican estrategias para mitigar la ansiedad (ej. consumiendo bebidas alcohólicas para ganar confianza y actuar de forma más desinhibida). A la larga, este tipo de comportamiento puede generar dificultades de diferente índole y puede agravar el problema.

Por otra parte, en muchas ocasiones los trastornos de ansiedad social pueden confundirse con una timidez exagerada y/o se solapan con otras problemáticas. Es decir, es muy común que la persona que padece ansiedad social acuda a terapia demandando atención psicológica por un estado anímico deprimido, un elevado estrés o una adicción.

Todo ello hace que la fobia social acostumbre a tener un carácter complejo y al contrario que en otros tipos de fobias, sea difícil para la persona, e incluso al propio psicoterapeuta, identificar patrones claros y evidentes de comportamiento que le identifiquen con esta problemática.

¿Cómo orientamos el proceso psicoterapéutico?

A pesar de que la fobia social en sus formas más graves puede llegar a ser altamente limitante en nuestra vida social, laboral o afectiva, es un trastorno que puede ser tratado con éxito en un proceso terapéutico adecuado. En aquellos casos más incapacitantes, la psicoterapia puede combinarse con tratamientos farmacológicos específicos.

El tratamiento debe adecuarse siempre a las características y necesidades de la persona que acude a terapia. En Apsimad, generalmente desarrollamos varias líneas de trabajo; Inicialmente, mediante la exploración de la casuística de los miedos y reacciones ansiosas, revisamos los propios temores y así, poco a poco, van siendo mitigados y apaciguados.

De forma paralela se hace hincapié en el entrenamiento en habilidades sociales y el aprendizaje de técnicas de relajación. Una vez que la persona gana confianza en sus recursos, será expuesta paulatinamente y gradualmente a aquellas situaciones sociales que generan ansiedad, inicialmente en el propio espacio terapéutico mediante técnicas de visualización y posteriormente en el día a día del paciente.

El éxito al abordar poco a poco estas situaciones generalmente tiene un gran impacto en la autoestima y seguridad en sí mismo, suele provocar entusiasmo para continuar ensayando nuevas conductas en diversas situaciones sociales.

Encontrar la solución comienza por comprender el problema

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