Duelo

Perder a un ser querido, ya sea por fallecimiento o por la ruptura de una relación sentimental, hace que experimentemos una sensación de vacío y pérdida, acompañado de emociones como el dolor, la rabia y la tristeza.

Elaborar el duelo consiste en respetar y canalizar esos sentimientos de una manera adecuada y ayuda a poder disfrutar de la vida sin que ello suponga el olvido de nuestro ser querido.

Afrontar el duelo es un proceso psicológico, no psicopatológico. En la mayor parte de los casos, la superación del duelo no requiere un tratamiento psicológico, los recursos psicológicos de la persona, el paso del tiempo, el apoyo familiar y social y la reanudación de la vida cotidiana suelen ser suficientes para asimilar la pérdida y readaptarse a las nuevas circunstancias. El problema psicopatológico se plantea cuando la persona experimenta de manera prolongada una tristeza, rabia o dolor que le incapacitan para adaptarse a la nueva situación planteada tras la pérdida.

¿Qué síntomas presenta?

Cada ser humano reacciona de manera diferente ante una pérdida, sin que exista una pauta inamovible de cómo una persona tiene que manifestar y afrontar su dolor. Actualmente en el DSM-V (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) no se recoge el duelo complicado como una entidad diagnóstica, porque no parece haber evidencias clínicas suficientes para establecer el duelo complicado como un síndrome. Al margen de la etiqueta diagnóstica que reciba, existe un consenso entre los psicólogos clínicos en que aproximadamente un 10%-20% de los dolientes tienen importantes dificultades en su proceso de adaptación a la pérdida.

Es complicado establecer un tiempo apropiado para el duelo, no podemos estimar un periodo en el que el duelo sea considerado normal y el momento a partir del cual pasa a ser algo patológico. Sin embargo, los estudios y la experiencia nos indican que llevar a cabo las tareas propias del duelo lleva, como mínimo, entre seis meses y un año en la mayor parte de los casos.

El duelo complicado es a menudo difícil de distinguir de la depresión, la ansiedad o el trastorno por estrés postraumático, enfermedades a veces asociadas al duelo y con cuya sintomatología se solapan, por lo que su definición es muy controvertida.

Un duelo complicado se caracteriza por la presencia de pensamientos intrusivos (que entran en la mente sin control) acerca de la persona que echamos de menos, punzadas de dolor incontrolable por la separación o una intensa añoranza (recordar la ausencia con una enorme y profunda tristeza). Muchas veces también se da cierta confusión acerca de cuál es nuestro papel en la vida o sentir que se ha muerto una parte de nosotros mismos, una gran dificultad para aceptar la realidad de la pérdida y cierta amargura o enfado en relación con el fallecimiento o separación. También es común intentar evitar todo aquello que recuerde la ausencia del ser querido, una incapacidad para confiar en los demás, sentimientos de culpa en los escasos momentos de disfrute o alegría, sensación de vacío y una consecuente frialdad emotiva o insensibilidad.

Generalmente, estos síntomas se ven acompañados de un malestar psicológico importante y un deterioro de la vida social, laboral o académica de la persona en duelo.

 ¿Cómo orientamos el proceso psicoterapéutico?

La terapia no está orientada a olvidar al ser querido, sino a recolocarlo en el espacio psicológico y biográfico de la persona. Es decir, se trata de recordar al ser querido sin que este recuerdo bloquee el bienestar psicológico del paciente. De esta forma, los objetivos serán reducir la tristeza y la ansiedad, aumentando la autoestima y disminuyendo el aislamiento social con vistas a mejorar la calidad de vida y prevenir la cronificación del duelo.

Siempre teniendo en cuenta la particularidad de la persona y su situación, generalmente, en el tratamiento se guiará al paciente para la elaboración de diferentes tareas o desafíos:

  • El proceso terapéutico suele comenzar con el reconocimiento de la realidad de la pérdida. En este momento el paciente debe entender el daño que ha sufrido, el cambio que atraviesa y todos aquellos aspectos implicados en su vida diaria y que contribuían en la definición de su identidad.
  • Abrirse al dolor constituye el segundo desafío. El dolor que conlleva el duelo puede llevar a la persona a emplear estrategias de evitación. Durante el proceso terapéutico se guiará al paciente para el logro de un equilibrio entre, por una parte, expresar a nivel emocional el duelo y, por otra parte, intentar sobreponerse y prestar atención a otros aspectos de su vida.
  • Un tercer aspecto será reconstruir la relación con lo que se ha perdido, se orientará al paciente para la re-elaboración de su vínculo con aquello perdido. Es decir, en caso de muerte de un ser querido, se trataría de transformar sus recuerdos, de convertir una relación basada en la presencia física en otra basada en la conexión simbólica. En el caso de una ruptura o divorcio, esta transformación a veces se relacionaría con el paso de una relación de pareja a otro tipo de relación.
  • La última tarea será revisar nuestro mundo de significados. La pérdida puede afectar a nuestro sistema de creencias y/o significados, es decir, nuestra forma de concebir el mundo. En este momento se apoyará al paciente en la elaboración del duelo, revisando e integrando la pérdida en sus actitudes y valores. En algunos casos estos procesos pueden conllevar una re-invención de uno mismo y un crecimiento tras el trauma.

 

Encontrar la solución comienza por comprender el problema

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