Ansiedad

La ansiedad es un síntoma común que forma parte de la vida y generalmente nos indica la presencia de una amenaza o un aspecto que ha de ser resuelto. Sin embargo, debemos estar atentos y actuar cuando la ansiedad supera unos límites saludables, impide nuestro bienestar y/o interfiere generando malestar en nuestra vida social, familiar, laboral o intelectual.

Los Trastornos de Ansiedad se refieren un término general que abarca varias formas diferentes de un tipo de psicopatología, caracterizado por el mantenimiento prolongado de estados de ansiedad anormales e intensos.

Los trastornos de ansiedad en el DSM-IV se aglutinan en las siguientes etiquetas diagnósticas:

  • Trastorno de ansiedad generalizada (TAG).
  • Trastorno de pánico.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
  • Trastorno por estrés postraumático (TEPT).
  • Trastorno por estrés agudo.
  • Trastorno de ansiedad social o fobia social.
  • Trastorno fóbico.
  • Otros trastornos de ansiedad no especificados o producidos por el consumo de sustancias.

En este apartado nos referimos al Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG). Las personas con TAG se caracterizan por vivir con preocupaciones constantes y un estado de tensión exagerada. Para terceros, estas personas son percibidas como pesimistas o preocupadas, acostumbran a esperan acontecimientos negativos y están frecuentemente preocupadas por asuntos relativos al ámbito familiar, social, laboral, económico, de la salud, etc.

El TAG afecta a aproximadamente al doble de mujeres que de hombres. El trastorno se desarrolla gradualmente y puede comenzar en cualquier punto del ciclo de vida, aunque los años de mayor riesgo son aquéllos entre la infancia y la mediana edad. Su curso es variable, pero tiende a ser fluctuante y crónico. El TAG suele concurrir con otros trastornos de ansiedad, depresión, o abuso de sustancias, lo cual a veces puede dificultar su diagnóstico y tratamiento.

¿Qué síntomas presenta?

La característica esencial de este trastorno es una ansiedad generalizada y persistente, que no está limitada o incluso ni siquiera predomina en ninguna circunstancia del entorno en particular.

El TAG se diagnostica cuando una persona se preocupa excesivamente acerca de diversos problemas de la vida diaria durante un periodo prolongado. Las personas con TAG parecen incapaces de liberarse de sus preocupaciones, a pesar de que usualmente son conscientes de que su ansiedad es más intensa de lo que sería proporcionado a la situación en cuestión. Presentan dificultades para relajarse, se sobresaltan o asustan con facilidad y presentan dificultades para concentrarse. Con frecuencia, presentan dificultades para conciliar el sueño o mantenerlo.

Los síntomas psicológicos son: preocupación crónica y exagerada, agitación y tensión, aparentemente sin causa alguna, o más intensas de lo que sería razonable en una situación en particular. También se suele dar una sensación de inquietud, inseguridad o agobio, dificultades de atención, concentración y memoria, irritabilidad, etc.

Como en el caso de otros trastornos de ansiedad los síntomas físicos predominantes son variables, los más frecuentes son: taquicardias, rigidez muscular, sensación de nudo en el estómago o en la garganta, molestias digestivas, alteraciones en la alimentación, sueño y/o respuesta sexual.

¿Cómo orientamos el proceso psicoterapéutico?

Un proceso terapéutico adecuado ayudará al paciente a detectar las situaciones que provocan ansiedad, explorando sus causas y mejorando las habilidades para su afrontamiento. Los tratamientos que han demostrado una mayor eficacia en el tratamiento específico ansiedad generalizada son los basados en procedimientos cognitivo-conductuales.

El proceso terapéutico inicialmente se orienta a la exploración y comprensión de los patrones de pensamiento, emoción y comportamiento que provocan ansiedad en el paciente.

También se ofrece información al paciente sobre la naturaleza de la ansiedad generalizada: mecanismos básicos, funcionalidad y disfuncionalidad, explicación sobre los síntomas y su alcance, relaciones entre pensamiento, emoción y acción.

Una vez iniciada la terapia, gran parte de los esfuerzos se dedicarán a aprender a gestionar la ansiedad y aplicar técnicas de relajación sencillas (respiración diafragmática lenta y relajación muscular progresiva) ante la presencia de los primeros síntomas. De esta forma, el paciente aprende herramientas que le ayudarán a prevenir y controlar sus estados ansiosos.

A partir de ese punto, se guiará al paciente para deconstrucción de los patrones de pensamiento generadores de estrés y la construcción de vías alternativas de pensamiento y/o conducta más adaptativas.

En muchas ocasiones también cobrarán protagonismo técnicas como la exposición controlada y progresiva a situaciones temidas, el desarrollo de habilidades sociales y mejora de la calidad de las relaciones interpersonales y la planificación y desarrollo de actividades agradables y placenteras.

Encontrar la solución comienza por comprender el problema

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