Pareja

Cuando los celos son patológicos

“Al entrar en el bar un chico me miró y me llamó guapa. Mi novio iba detrás, se encaró con él y le empujó. El pobre chico no sabía que tenía novio. Mi novio es un poco celoso y me quiere.” 

Algunas personas se definen como celosas sin ninguna preocupación aparente. Parece conformar un rasgo de personalidad aceptable, como ser pasional o romántico. Parece tener el mismo peso que ser moreno o de complexión delgada. Incluso la persona celada puede considerarlo un rasgo deseable. Para muchos, especialmente entre los más jóvenes, amor y celos son conceptos que caminan de la mano. Me cela, me quiere. Afortunadamente para otros tantos se trata de una relación que resulta un tanto caduca.

¿Relaciones tóxicas?

Últimamente se extiende la creencia de que existen personas tóxicas, auténticos vampiros de energía que provocan malestar y de los que conviene huir como de la peste.
Algunos artículos o posts nos aconsejan como detectar estos esbirros del mal y neutralizarlos. Estas personas, naturalmente, son los otros. Usted nunca se identifica con ese ser mezquino que por victimizarse, manipular, controlar o agredir al otro es denominado “persona tóxica”. Aunque seamos conscientes de nuestros defectos, todos tendemos a considerar que somos buenas personas.

Síndrome de Gauguin

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Afrontar de manera inadecuada los grandes cambios personales, laborales y/o familiares surgidos sobre todo al llegar a cierta edad, pueden ocasionar un estado de desesperanza hacia el presente y el futuro.

¿Alguna vez has sentido la necesidad de querer cambiar tu vida, dejarlo todo y marcharte a otro lugar?

Seguramente en algún momento hayas estado harto/a de tu trabajo, tus amistades, tu familia o del ritmo frenético de tu ciudad… Romper con todo ello se convierte en algo prioritario.

Este deseo íntimo de huir a otro lugar mejor e iniciar una nueva vida dejando atrás los problemas y los quebraderos de cabeza que conlleva una vida basada en la inercia, provoca un sentimiento de búsqueda continua de un paraíso donde nunca hay problemas. Un sentimiento que todxs hemos atesorado alguna vez en nuestro interior y que, si somos honestxs, de vez en cuando asoma.

Este deseo se denomina “Síndrome de Gauguin”.  Su nombre hace referencia al famoso pintor francés postimpresionista que, huyendo de la corrupción y de la artificialidad de la civilización europea, huyó a Tahití donde encontró el paraíso alejado que anhelaba.

La ruptura sentimental y el duelo: cuando nos abandonan.

Una ruptura sentimental es una de las experiencias generadoras de mayor malestar psicológico por la que podemos pasar a lo largo de la vida. La situación se agrava cuando la decisión no parte de ambos miembros de la pareja, cuando es uno el que abandona al otro.

La persona rechazada acostumbra a pasar por un proceso de duelo con muchas semejanzas al que se atraviesa cuando muere un ser querido, o incluso cuando se padece una depresión. Son momentos de tristeza, melancolía, desesperanza, ansiedad, irritabilidad, insomnio, inapetencia, apatía, etc. Lidiar con el abandono puede ser un proceso muy doloroso en el que el doliente acostumbra a enfrentarse a una serie de tareas o procesos.

¿Por qué se pelean las parejas?

“Desde hace seis meses nos peleamos constantemente. Él está a la defensiva permanentemente, tengo la sensación de que le jode absolutamente todo lo que hago. Él me recrimina que se siente ahogado, que necesita espacio, hacer cosas por sí mismo. Yo siento que está lejos, no veo que me escuche, y cuando lo intenta no me entiende. El sexo de guindas a peras…, para mí ya no es lo que era. Nos queremos, pero no sé cómo hemos llegado a esta situación.”

Para muchos el párrafo anterior puede ser muy familiar. Son muchas las relaciones de pareja que se ven sacudidas por los conflictos. Pueden ser de mayor o menor importancia, pero dependiendo de su intensidad y frecuencia pueden perjudicar la convivencia e incluso poner en riesgo la relación.

La resolución de los conflictos pasa necesariamente por la comprensión de sus causas. Existen algunos factores que pueden guiarnos en la comprensión de muchas de las disputas. Estos aspectos no conforman un modelo por el que necesariamente transiten todas las parejas. Más bien refieren lugares comunes que nos pueden ayudar a entender el origen de una buena parte de los conflictos que surgen en las dinámicas relacionales.

Dependencia Emocional

“Es lo más increíble que me ha pasado jamás, cuando estoy a su lado me siento genial. ¿Dónde estará? ¿Por qué no me llama? Creo que le van a gustar mis deportivas nuevas. Sí, el otro día vimos unas muy parecidas en una tienda y le encantaron. Tiene mucho gusto, es una pasada. Y es tan inteligente… ¿Le llamo? No lo coge. No me llama. Ufff… ¿Con quién estará? Si me deja me muero”

A la hora de escribir sobre la dependencia emocional es conveniente comenzar distinguiendo este concepto del ‘trastorno por dependencia emocional’ contemplado en el DSM – IV (la biblia de psicólogos y psiquiatras). El primero refiere a una forma de sentir y actuar de algunas personas en sus relaciones afectivas que generalmente no incapacita a la persona en otros ámbitos de su vida. El segundo, el trastorno por dependencia emocional, es una etiqueta diagnóstica relativa a una necesidad patológica de cuidado y protección en contextos diversos (familiar, relacional, laboral o académico, etc.), cuyo resultado provoca una falta de funcionalidad y autonomía en la persona.

Del enamoramiento a la relación de pareja

En la actualidad y en nuestra sociedad, gran parte de las relaciones afectivas de pareja parten de un estado de enamoramiento. No ha sido así en otras épocas o en otras culturas, donde las relaciones de pareja comienzan y se rigen siguiendo otro tipo de convenciones, normas y rituales. Muchos autores coinciden en que el enamoramiento es un estado de atracción y pasión que suele durar entre seis meses y dos años. En muchas ocasiones el enamoramiento nos lleva a distorsionar la realidad, proyectando una imagen idealizada sobre nuestra pareja. Algunas personas en este periodo pueden llegar a obsesionarse, queriendo estar cerca constantemente del otro, incluso a costa de su propio bienestar personal.

Encontrar la solución comienza por comprender el problema

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