El Síndrome de Peter Pan

El Síndrome de Peter Pan

M. tiene 39 años y afirma estar en crisis. Su chica, I., se queja de que es inmaduro, de que tiene pánico al compromiso, de que no quiere tener hijos y de su escasa ambición profesional. También sugiere que comparte demasiado tiempo con sus amigos, que no tiene edad para llevar camisetas, que invierte demasiado en música, cine y novelas gráficas. Ella insiste en que él padece síndrome de Peter Pan y afirma con vehemencia que ella no quiere ser su Wendy. Le ha puesto un ultimátum, o crece o se separan.

Gracias al cine todos conocemos a este niño vestido de verde. Peter Pan es el protagonista del texto que James Mathew Barrie escribiera en 1904. Se trata de un niño que se niega a crecer; lidera a los niños perdidos y junto a Campanilla vive múltiples aventuras de piratas, sirenas e indios en el país de Nunca Jamás.

Ocho falsas creencias sobre el TOC

M. se dispone a ir al trabajo. Como cada día, revisa que ha cogido llaves, teléfono, cartera. Al salir, comprueba que ha cerrado la puerta correctamente. Para ello, la abre y la vuelve a cerrar. Coge el ascensor y duda si ha dejado alguna ventana abierta. Vuelve a subir, abre la puerta y comprueba todas las ventanas. Sale de casa y espera impaciente el ascensor. Durante el trayecto de bajada imagina que no ha cerrado la puerta correctamente. Lucha contra ese pensamiento. Se inquieta, se rinde y emprende el trayecto de vuelta a su apartamento. La puerta está cerrada. Abre de nuevo y echa doble llave. Baja en el ascensor e impaciente duda si habrá dejado la llave puesta. Sonríe al ver que tiene las llaves en la mano. Las guarda en el bolsillo. Sale a la calle, camina unos metros y se para. Le asalta una imagen de la puerta abierta de casa. Duda de nuevo si estará todo bien cerrado. Respira profundamente, mira el reloj, repasa mentalmente que ha cogido todo, comprueba los bolsillos y lucha contra el impulso de volver a subir a casa. No lo consigue. Vuelve a subir para hacer una última comprobación.

Cuando los celos son patológicos

“Al entrar en el bar un chico me miró y me llamó guapa. Mi novio iba detrás, se encaró con él y le empujó. El pobre chico no sabía que tenía novio. Mi novio es un poco celoso y me quiere.” 

Algunas personas se definen como celosas sin ninguna preocupación aparente. Parece conformar un rasgo de personalidad aceptable, como ser pasional o romántico. Parece tener el mismo peso que ser moreno o de complexión delgada. Incluso la persona celada puede considerarlo un rasgo deseable. Para muchos, especialmente entre los más jóvenes, amor y celos son conceptos que caminan de la mano. Me cela, me quiere. Afortunadamente para otros tantos se trata de una relación que resulta un tanto caduca.

Síndromes raros

Síndrome de Cotard

Mucho antes de la noche de los muertos vivientes de George A. Romero, a finales del siglo XIX, el neurólogo francés Jules Cotard describía el primer caso de walking dead. La paciente afirmaba no tener cerebro, ni órganos, ni intestinos; sólo poseía la piel y los huesos de un cuerpo en descomposición. Creía no tener necesidad de comer o beber para vivir y que no podía morir naturalmente. Sólo dejaría de existir eternamente si era quemada.

Nueve errores bien intencionados que cometemos cuando alguien está deprimido

Vega (mujer, 29 años, periodista, desempleada) padece depresión. Desde hace meses experimenta un estado de ánimo decaído, sentimientos de poca valía, incapacidad para disfrutar o sentir placer, irritabilidad, dificultades de concentración, sensación de fatiga, alteraciones del sueño y del apetito.

Carmen, su madre, insiste en ir a su casa a hacer la comida; Víctor, su pareja, ha aparcado sus aficiones y amigos para estar con ella; Alberto, su hermano, le pide que se anime; Candela, su hermana evita hablar del asunto; Marta, su amiga, insiste en que la homeopatía le cambió la vida; Álvaro, se molesta porque no sale a tomar unas cañas; David, teoriza sobre el origen de sus problemas.

¿Miedo a hablar en público? Algunas pautas para mejorar tu actuación

Tradicionalmente, el miedo severo y recurrente a hablar en público ha sido considerado a nivel clínico como una manifestación de fobia social. Sin embargo, poco a poco está ganando peso como entidad clínica y la investigación reciente sitúa el miedo a hablar en público como una subcategoría cualitativamente y cuantitativamente diferente a otros subtipos en el espectro de la ansiedad social.

Once formas de amargarse la vida

¿Eres feliz? Si respondes amablemente a llamadas comerciales sobre productos que no te interesan, cedes el paso aun cuando tienes preferencia, confías en la bondad de los extraños, se te pasan los enfados con facilidad, llevas calcetines de colores y sonríes espontáneamente cuando te das cuenta de que llevas el jersey del revés. Sí, definitivamente eres bastante feliz.
Te aconsejo que no cambies. Sin embargo, si en algún momento deseas sentirte una persona desgraciada, lee a continuación algunas de las formas más frecuentes y efectivas que utilizamos para amargarnos la vida.

El lado oscuro de la psicología positiva

Martin Seligman, uno de los psicólogos más mediáticos y poderosos de las últimas décadas, cuenta que un día allá a finales de los noventa, siendo presidente de la APA (esa agrupación de psicólogos americanos que guía nuestras vidas), experimentó una epifanía cuando su hija de cinco años le llamó ‘gruñón’. Fue entonces cuando pensó que la psicología se centraba demasiado en el estudio de lo patológico y no en la virtud. Era necesario un cambio de rumbo. Era necesario estudiar las fortalezas del ser humano, su capacidad de adaptación y los beneficios de la felicidad.
Parece un recurso de conferenciante experimentado más que el germen de una corriente pujante como es la psicología positiva. No deja de ser paradójico que sea una niña de cinco años quien modifique el enfoque del académico, y no el peso de la ya establecida corriente humanista o el potente pensamiento posmoderno. Al margen de la anécdota, Seligman pretende un cambio de paradigma integrando de elementos de otras escuelas, un envoltorio bonito y mucha coca cola.

¿Qué son los trastornos de ansiedad?

Todos hemos sentido ansiedad en algún momento de nuestras vidas. Taquicardia, sudoración, mareo, sensación de falta de aire, preocupación, fatiga, etc. En la mayoría de los casos se trata de un estado útil, nos indica que algo no va bien o que existe una amenaza y nos dispone a actuar. Los problemas aparecen cuando la respuesta ansiosa es excesiva y desproporcionada, o cuando la sentida amenaza no es tal.

Un trastorno de ansiedad es un término general que abarca diferentes etiquetas diagnósticas con sus propias características cuyo factor común es la vivencia excesiva de la ansiedad. En este post voy a intentar explicar de manera sencilla cuales son los diferentes trastornos de ansiedad de acuerdo al DSM-V (última versión del manual diagnóstico que constituye la Biblia de psicólogos y psiquiatras).

¿Relaciones tóxicas?

Últimamente se extiende la creencia de que existen personas tóxicas, auténticos vampiros de energía que provocan malestar y de los que conviene huir como de la peste.
Algunos artículos o posts nos aconsejan como detectar estos esbirros del mal y neutralizarlos. Estas personas, naturalmente, son los otros. Usted nunca se identifica con ese ser mezquino que por victimizarse, manipular, controlar o agredir al otro es denominado “persona tóxica”. Aunque seamos conscientes de nuestros defectos, todos tendemos a considerar que somos buenas personas.

Encontrar la solución comienza por comprender el problema

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